La Virgen Maria
María nació en Nazaret, Galilea, 15 o 20 años antes del nacimiento de Cristo. Fue educada en la lectura de los libros santos y en la obediencia a la ley de Dios. Hizo voto de virginidad. Se desposó con José estando ambos de acuerdo en permanecer vírgenes por amor a Dios. Un ángel del Señor se le apareció y le comunicó que el Espíritu Santo descendería sobre ella, y que de ella nacería el Hijo de Dios (Esto narrado en el Evangelio de Lucas).
Vemos a María, a José y al
Niño instalados en Nazaret. En este lugar hay un episodio sobresaliente: la
pérdida y hallazgo del Niño, a los 12 años, en Jerusalén. Jesús empieza su vida
“pública”, su vida apostólica y misionera, hacia los 30 años. María lo
acompaña, a veces de cerca, a veces más lejos. El Evangelio nos la muestra en
Cana asistiendo a un matrimonio, y al pie de la cruz en que Jesús está
muriendo.
Ella es estrechamente relacionada
con la santísima trinidad. Es la hija predilecta del Padre. Se lo dice el ángel
el día de la Anunciación: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Tiene también con el Espíritu Santo una relación que se ha comparado a la de la
esposa con el esposo. Lo dice el ángel: “El Espíritu Santo te cubrirá con su
sombra. Por eso el niño que nacerá de ti será llamado Santo e Hijo de Dios”. “No
temas María porque has encontrado gracia delante de Dios”.
La que conocemos en el Evangelio, con la fe de la Iglesia,
es María de Nazaret, la Madre de Jesús. Los diversos nombres y las distintas
imágenes aluden a las circunstancias o misterios de su vida. La Mater Dolorosa
al pie de la cruz es una mujer madura, traspasada de dolor. La Virgen del
Tránsito o de la Asunción es una mujer transfigurada, entrando en la gloria.
La Santísima Virgen puede, si quiere, intervenir desde el
cielo en asuntos humanos por amor a los hombres. Puede “aparecerse” a tal o
cual persona, habitualmente a niños o personas humildes, y entregarles un
mensaje para que los hombres se conviertan y vuelvan a Dios.
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